La tempestad que nunca se calma!
el enorme huracán que no calma,
La furia!
La furia que castiga: 
los adúlteros, lujuriosos y rameras
que se perdieron en el camino del placer.

El cielo negro se complace de negarles su perversa lascivia,
que en la tierra derrocharon sus entrañas.

Y Aquellos que por amor corrompieron sus sentimientos
y los plasmaron con el placer de la carne, 
son acreedores de este eterno sufrimiento.
Ni un lago de lágrimas basta.

Los gemidos y gritos de placer
ahora son llantos y lamentos
porque no hay mayor dolor,
¡Que Recordar con miseria los felices momentos!

Gritan historias de una mujer que reconstruyó babilonia,
con excesos; haciendo la lujuria la ley que cobijaba su reino;
Matar un rey y a su ejército por no aceptar sus excesos.
no era amor…. probar su carne era su deseo.

Perdidos por la seducción de cuerpos perfectos, 
de mentes astutas que usaron su cuerpo y habilidad para demostrar
que el placer era por mucho superior que la rectitud.
se les apartará eternamente para que jamás puedan replicar
lo que en vida hicieron.