Guns N’ Roses en Medellín: una noche bajo la lluvia y el rugido del rock eterno
El pasado 11 de octubre de 2025, Medellín fue testigo de una de esas noches que quedarán tatuadas en la memoria colectiva de los amantes del rock. A pesar de la persistente lluvia que cayó sobre la ciudad, el Estadio Atanasio Girardot vibró con la energía y el poder de Guns N’ Roses, que regresaron a Colombia con un show monumental de tres horas, cargado de clásicos, nostalgia y fuego escénico.
Desde las primeras horas de la tarde, el ambiente en el Medellín anunciaba lo que se avecinaba: chaquetas de cuero, sombreros, camisetas negras y una multitud expectante. Las puertas del estadio se abrieron a las cuatro, y aunque el cielo se empeñaba en no dar tregua, el público llegó preparado con carpas, impermeables y una fe inquebrantable en el poder del rock.
El ingreso fue sorprendentemente ágil. A las seis de la tarde, las graderías comenzaban a teñirse de negro, y el ambiente familiar llamaba la atención: padres, hijos e incluso abuelos compartiendo el mismo ritual. Guns N’ Roses no son solo una banda; son un legado que atraviesa generaciones.
El turno de calentar el escenario fue para Bajo Tierra, que con su clásico El pobre logró conectar de inmediato con el público y despertar ese espíritu roquero local. La lluvia aumentaba su intensidad, pero nadie parecía ceder terreno.
A las nueve de la noche, los primeros acordes de “Welcome to the Jungle” encendieron el estadio. A partir de ahí, la banda desplegó una setlist de 29 canciones que recorrió todas las etapas de su carrera: Mr. Brownstone, Bad Obsession, Chinese Democracy, Live and Let Die, You Could Be Mine, Sweet Child O’ Mine, November Rain y un cierre apoteósico con Paradise City. Entre tanto, joyas menos esperadas como Slither o Pretty Tied Up fueron recibidas con euforia.
Axl Rose, con 63 años, demostró que sigue siendo un frontman de otra era. Su voz, aunque marcada por el paso del tiempo, conservó su carácter y entrega. Saltó, corrió, cambió de chaquetas y se comunicó con el público con la energía de quien sabe que cada show puede ser el último, pero lo vive como el primero.
Slash, por su parte, fue un espectáculo aparte. Cada solo, cada nota, fue una clase magistral de guitarra. Su energía y virtuosismo desbordaron el escenario, confirmando por qué sigue siendo considerado uno de los mejores guitarristas de la historia del rock. Escucharlo en temas como Coma, Civil War o Nightrain fue una experiencia que rozó lo espiritual.
Para Alex Ahumada, asistente al concierto y amigo de esta casa, “fue una mezcla de nostalgia y energía. Axl, aunque con la voz gastada, se entregó por completo. Slash, impecable como siempre, nos hizo vibrar con todo su talento. Fueron tres horas de historia, rock real y tiempos que no mueren”.
Al final de la noche, empapados pero felices, los miles de asistentes sabían que habían presenciado algo irrepetible. Guns N’ Roses no sólo ofrecieron un concierto: ofrecieron una lección de resistencia, pasión y fidelidad al rock and roll. Bajo la lluvia, Medellín rugió con ellos.
Guns N’ Roses en Medellín: una noche bajo la lluvia y el rugido del rock eterno