Al llegar la media noche un hombre entra al cementerio
y rompe el gran silencio con una gran campana.
Yo soy el animero,
quien recorre los caminos,
legiones de difuntos
caminen a mi espalda.
Yo soy el animero,
amigo de los muertos,
y canto un tono fúnebre
durante nueve días.
Tumba a tumba
el animero toca,
¡despierten moribundos!
Transiten este mundo.
Paso a paso
caminen a mi espalda,
atentos al llamado
de sus seres amados.
Al llegar la madrugada el hombre entra al cementerio
y hace que los muertos regresen a sus tumbas.
Tumba a tumba
el animero toca,
duerman moribundos
no son ya de este mundo.
Paso a paso
regresen a sus fosas,
que sus restos reposen
trescientos días más.
Buitres negros surcan en el aire,
celebran en círculo el hallazgo de cadáveres,
ven la muerte a grandes distancias,
rasgan la carne tras la matanza.
Silentes, sombríos,
comen los cuerpos de los desaparecidos,
llenan sus vientres
de hombres sin nombre.
Gallinazos sigilosos despliegan las alas
al oír el estruendo de las balas cruzadas,
esperan pacientes el final de la ofensiva
y preparan la panza,
se avecina la matanza.
Testigos antiguos de incontables masacres.
¡Larga es la historia de la guerra en Colombia!
Ayudantes de la muerte
tras sesenta años de guerra
aún preparan la volada,
más batallas anunciadas.
Un oscuro remolino gira alto en el cielo,
vigilantes permanecen,
la violencia no decrece,
parecemos condenados a la sombra de la muerte,
en el cielo la danza,
se avecina la matanza.
Silentes, sombríos,
en las alturas permanecen,
la oscuridad recrudece,
nuestra esperanza languidece.
Sobre este lanzamiento
El álbum es una analogía entre el río Magdalena en la época de la violencia y el río Aqueronte en la mitología griega. El paso de los muertos al Hades también es el paso de los muertos sin nombre, silenciados por los grupos armados y condenados a transitar el Magdalena; Caronte, el barquero que traslada los muertos al Hades también representa a los pescadores del Magdalena en cuyas redes se confunden los grandes peces con los difuntos que deambulan en las profundidades del río más importante y escabroso de Colombia.
“El río de la muerte” es un trabajo que busca narrar desde la música el conflicto colombiano y entender desde la sensibilidad del arte la violencia y la manera en que ésta se estableció de forma increíble durante sesenta años en nuestro país. Es un trabajo artístico que busca conocer y reconocer las voces de las víctimas del conflicto como un ejercicio de memoria histórica.